De Rila a Bansko
Sin embargo, espera el camino hacia el suroeste del país. Son solo cuatro horas, aunque a mitad de trayecto aparece escondido entre frondosos bosques el monasterio de Rila, también patrimonio mundial, y otro lugar donde querer quedarse. Y se puede. Se pueden alquilar sencillas habitaciones y respirar y olvidar el ruido. Con tal motivo lo fundó Juan de Rila en el siglo X, quien ya entonces quería escapar de lo que consideraba la degeneración moral de la sociedad. Hay que dedicar tiempo para disfrutar del amplio complejo y ver la iglesia de la Natividad, el Museo del Tesoro, las antiguas cocinas e incluso la cueva donde Juan de Rila pasó gran parte de su vida.
Bansko, la urbe más alta del país, es un destino conocido entre los aficionados al esquí por su buena relación calidad-precio. Otro buen lugar para hacer noche antes de continuar hacia el mar Negro pasando antes por Plovdiv, Nessebar y los montes Ródope y sus caprichosas figuras rocosas moldeadas por el viento y la lluvia.
La carretera no asusta. Es una perfecta compañera de viaje. En el asfalto además aparecen a un lado agricultores ofreciendo los mejores tomates y frutas que recuerdo en tiempos. Lo demás son pueblos, pueblos llenos de tesoros y la imagen de san Jorge y su dragón, tan presente como los trajes típicos de duros tejidos o la bandera del país con tres franjas horizontales del mismo tamaño: blanca, verde y roja. Después, casas.

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