Bolonia es, para muchos, la gran joya ignorada de Italia. Conocida como
Los Imprescindibles bajo los Soportales
Bolonia se recorre a cubierto gracias a sus 40 kilómetros de pórticos, declarados Patrimonio de la Humanidad.
Piazza Maggiore y la Fuente de Neptuno: Es el corazón de la ciudad. No os perdáis la Basílica de San Petronio y el curioso "teléfono sin hilos" en los arcos del Palazzo del Podestà (donde podéis susurrar en una esquina y que os oigan en la opuesta).
Las Dos Torres (Le Due Torri): El símbolo de la ciudad. Si tenéis energía, subid los 498 escalones de la Torre degli Asinelli. La vista de los tejados rojos de Bolonia desde lo alto es, sencillamente, la mejor.
El Archiginnasio: La antigua sede de la universidad más vieja de Occidente. Su Teatro Anatómico, construido en madera tallada, es una parada obligatoria para los amantes de la historia.
El Sabor de la Tradición: El Cuadrilátero
Si Bolonia es "La Gorda", es por algo. Para vivir la verdadera cultura gastronómica, debéis perderos por las calles del Quadrilatero.
Mercado Medioeval: Entre las calles Pescherie Vecchie y Drapperie, encontraréis puestos de pasta fresca, mortadela de Bolonia y quesos locales.
La Ventana Secreta (Finestrella di via Piella): Buscad una pequeña ventana en una pared que revela un canal oculto, recordándonos que, en el pasado, Bolonia se parecía mucho a Venecia.
El Paseo más Largo del Mundo
Santuario de San Luca: Para quemar la pasta, caminad bajo el pórtico más largo del mundo (casi 4 km) que sube hasta este santuario en lo alto de una colina. Las vistas del valle son espectaculares.
El Consejo Esencial del Viajero
Comed fuera de las plazas principales. Buscad las osterias en las calles laterales del centro histórico. Pedid siempre Tagliatelle al Ragù (la verdadera pasta boloñesa) y recordad que aquí los espaguetis boloñesa no existen. Bolonia es compacta, acogedora y se disfruta mejor a pie.

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